LA IMPORTANCIA DE APRENDER
- Eduteca Praviana
- 12 sept 2024
- 5 Min. de lectura
Cuando nacemos, a pesar del factor genético que puede en mayor o menor medida condicionarnos y predisponernos a ciertas actitudes y aptitudes, somos, por lo general, un folio en blanco en el que la vida irá escribiendo su guion. Hace años que los profesionales de la infancia conocemos de la importancia del aprendizaje en las primeras etapas de nuestra vida, no sólo a nivel práctico, para conocer y desarrollar nuestras habilidades motrices, intelectuales y sociales, también a nivel evolutivo, pues de nuestra capacidad de inmersión en el entorno, de adaptación, de comprensión del mundo que nos rodea y de nuestra voluntad de cambiarlo dependerá el éxito de la existencia del individuo y, en conjunto, de la especie. Esto quiere decir que el aprendizaje nos trasciende, va más allá del mero hecho de obtener una vida más o menos satisfactoria, se trata de contribuir a la sociedad para que nuestra especie prospere. No es algo baladí, como podéis suponer y por ello os quiero transmitir, como profesional de la docencia y como madre, la forma más satisfactoria de acercar el aprendizaje a nuestros hijos e hijas, más allá de aspectos puramente teóricos.
Para facilitar la comprensión de este texto y que no se convierta en otro aburrido ensayo sobre el aprendizaje basado puramente en palabras, intentaré ser breve y concisa, y ejemplificaré en la medida de lo posible mi narración. Empezaré diciendo que para aprender es necesario contar con tres pilares fundamentales que en muchas ocasiones se nos olvidan, tanto a los docentes como a los padres y madres, y sin los que nuestros pequeños, por mucho que nos esforcemos en ello, no lograrán llevar los conocimientos adquiridos más allá del olvido (tendencia a memorizar saberes que no llegarán a superar los meses de verano. Estoy segura de que muchos sois conscientes del borrón y cuenta nueva que se realiza durante la época estival en los cerebros de los infantes).
Aprendizaje significativo
Cuando hablo de aprendizaje significativo no me estoy refiriendo a ponerles problemas matemáticos que hagan referencia a situaciones que podrían encontrarse en su vida cotidiana. No. Me refiero a que sea significativo al 100% como la vida misma, es decir, a enfrentarlos a esas situaciones de manera real o, si no fuera posible, hacerlo mediante el juego o el roll playing. Siguiendo con el ejemplo del problema de matemático en el que fulanito compra lápices en una librería y paga con un billete de 10€ ¿Cuánto le devolverán? Lo idóneo, lo realmente significativo, es llevar al niño a la librería y que sea él quien compre los lápices, los pague con su dinero y compruebe que se le ha dado bien el cambio. Podría ser una librería real o podría ser un roll playing creado en el aula en el que otros niños y niñas sean los tenderos y unos y otros tengan que llevar las cuentas de su dinero. Un dinero lo más realista posible, que les importe perder, que les guste sujetar en sus manos y que les permita familiarizarse con las monedas y billetes de curso legal, no solamente conociéndolas a través de los dibujos de los libros. Conocerán así su peso, su tamaño, aprenderán a identificarlas por su color, su textura... Eso es, en definitiva, un aprendizaje significativo, basado eminentemente en la experiencia, pues la vida es eso, experiencias, y no tiene sentido intentar enseñar la vida fuera de ellas, como si los niños fuesen meramente espectadores del mundo adulto, unos científicos observando a unas ratas de laboratorio al otro lado de un cristal protector.
Experiencias gratificantes
No conozco a ningún ser humano que disfrute fracasando, por supuesto que de los errores también se aprende, pero a nadie le gusta sentirse un inútil, una persona poco apta. Al mismo tiempo, todos, absolutamente todos los seres vivos, tenemos habilidades y capacidades que destacan por encima de los demás. Por algún extraño motivo, la educación ha ido paulatinamente alejándose de potenciar esas habilidades o capacidades, tendiendo a la igualación del alumnado, como si todos y todas fuésemos iguales. No lo somos. Podemos parecernos, pero cada cual tiene sus inquietudes e intereses basados básicamente en sus habilidades. A quien se le da bien el desarrollo comunicativo, el lenguaje, suele gustarle escribir o los idiomas o ambas cosas. Quien tiene un cerebro artístico suele dibujar a la perfección, hay quien controla la música de manera virtuosa, el que tiene un control de las redes o las nuevas tecnologías que es realmente apabullante. Incentivemos eso, hagamos que nuestros hijos e hijas se centren en lo que realmente les motiva, en lo que se les da bien, porque de ahí saldrá un/una virtuoso/a y una persona con una autoestima alta, fortalecida por sus propias fortalezas. Esto no quiere decir que no tengan que aprender muchas otras cosas en la vida que no les sean de agrado, pero estas no deben volverse el epicentro de su vida, como veo en muchas ocasiones, lo que debe ser su eje vertebrador, siempre, son sus fortalezas, no sus debilidades. Clara no será la niña que se le dan mal las matemáticas, será la niña que es capaz de construir una maqueta a la perfección desde cero y sin ayuda y, por tanto, alguien que debe enlazar su futuro hacia el ámbito tecnológico y, seguramente, aprender unas matemáticas ligadas a ese ámbito, que le resultarán mucho más atrayentes y enriquecedoras.
Ritmos respetados
Este es, bajo mi punto de vista, el pilar más importante. Por eso me he decidido a dejarlo para el final, para que su impronta quede en el lector. Las prisas no son buenas consejeras, de eso estoy segura y seguramente todo aquel que lea esto estará de acuerdo conmigo; sin embargo, el sistema educativo y nosotros mismos, nos hemos empeñado en agotar a nuestros hijos e hijas con tiempos marcados por adultos dentro de un despacho y que se reflejan más tarde en libros, divididos en unidades didácticas que deben darse en unos meses predeterminados con tiempos establecidos. Vamos a ver, si hemos hablado de la importancia de una experiencia gratificante, si la LOMLOE (nuestra ley educativa actual) nos habla de la inclusión, ¿cómo podemos pautar tiempos? y obligar a maestros/as y profesores/as a tener que dejar conocimientos importantes dados a toda prisa por añadir más y más contenidos a la hoguera del curso. Eso no tiene sentido. Bajo mi punto de vista hay que ofrecer una criba de aquello que consideremos indispensable en el aprendizaje de nuestros hijos e hijas y darle el tiempo necesario para que dicho conocimiento se adquiera de la manera más fiable posible, es decir, usando los otros dos pilares, aprendizaje significativo y experiencias gratificantes, Se trata de primar la calidad y no la cantidad.
¿Queremos niños/as que no recordarán nada durante el verano? ¿O queremos niños/as que no olvidarán jamás lo aprendido?
Ahí lo dejo.

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